sábado, 10 de abril de 2010

"DE LÍDERES A GERENTES: EL CAMBIO FATAL"

Por Hugh W. Nibley

Este discurso fue dado en la Universidad Brigham Young (BYU), en la ceremonia de inicio, el día 19 de Agosto de 1983, después que Nibley recibiera un doctorado honorario en Letras. Se publicó con el título "De Líderes a Gerentes: el cambio fatal"

Hace hoy veintitrés años, en esta misma ocasión, yo ofrecí la oración de apertura en la cual dije: "Nos hemos reunido hoy aquí, vestidos con las togas negras de un falso sacerdocio . . ." Muchos me han preguntado desde aquella vez, si yo realmente dije algo tan chocante, pero nadie jamás me ha preguntado lo que yo quise decir con eso. ¿Por qué no?. Bueno, algunos ya conocen la respuesta; y en cuanto al resto, nosotros no cuestionamos cosas en "la BYU." Pero para mi propio alivio, aprovecho esta oportunidad para explicarlo.

¿Por qué un sacerdocio?. Porque estas togas originalmente distinguían a aquellos que formaban parte del clero; y un colegio o claustro era un "misterio", con todos los ritos, secretos, juramentos, grados, pruebas, festejos y solemnidades que iban con la iniciación a un conocimiento superior.

Pero ¿por qué falso? Porque es un adorno prestado, que desciende hasta nosotros a través de una larga línea de imitadores desautorizados. No fue sino hasta 1893 que "una comisión intercolegial fue formada . . . para delinear un código uniforme para las togas y los birretes" en los Estados Unidos.

Antes de eso no había ninguna reglamentación. Uno podía diseñar su propia indumentaria; y esa libertad proviene desde los tiempos más remotos que se conocen de estos accesorios. Los últimos emperadores romanos, como aprendemos del infalible DuCange, marcaron cada paso en el declive de su poder y gloria, añadiendo algún nuevo ornamento a las resplandecientes vestimentas que proclamaban su sagrado oficio y dominio. En las divisiones que les subsiguieron, los reyes de las tribus que heredaron las tierras, y las pretensiones del imperio, compitieron entre sí imitando a los maestros romanos, decididos a superar aún a éstos en la variedad y riqueza teatral de sus togas y birretes.

Uno de las cuatro coronas usadas por el Emperador era el birrete. Los reyes franceses lo tuvieron desde Carlomagno, el modelo y fundador de sus líneas reales. Citando a DuCange:

"Cuando los reyes franceses abandonaron el palacio en París para erigir un Templo de Justicia, al mismo tiempo confirieron sus ornamentos reales sobre aquellos que presidirían allí, a fin de que los juicios que vinieran de sus bocas tuvieran mas peso y autoridad sobre el pueblo, como si provinieran de la boca misma del Príncipe". [Esta es la idea de las ropas del profeta descendiendo sobre su sucesor.] De esto provienen los birretes y las túnicas de escarlata y armiño de los Cancilleres de Francia y los Presidentes del Parlamento. Sus togas o epitogia [las túnicas sueltas que se llevan encima de la ropa, que producen el conocido efecto invernadero] se hacen aún a la antigua usanza. . . . Se da el nombre de "birrete" a la diadema, por su forma semejante al mortero usado para mezclar la argamasa, siendo más grande en la parte superior que en la base.

¿Pero de dónde lo obtuvieron los emperadores romanos?. El birrete fue llamado Justinianeion debido a su uso por el Emperador Justiniano, quien lo introdujo del Oriente. Las vestimentas y los protocolos de su corte provenían de los monarcas de Asia, en particular del Gran Shah, quien los tenía de los khans de las estepas y de los emperadores mongoles. Estos usaban el botón dorado de toda sabiduría sobre el birrete, tal como lo llevo yo hoy día. Los chamanes del Norte también lo tuvieron, y entre los lapones aún se le llama "el Gorro de los Cuatro Vientos". El sombrero de cuatro esquinas, coronado por una borla dorada – la Llama emergente de la Ilustración Plena - también figura en algunas representaciones budistas y lamaístas. Pero ustedes ya captan la idea: ¡esta indumentaria auspiciosa es una medicina muy fuerte -"magia rústica" de hecho!

Se describe otro tipo de túnica y sombrero en Exodo y Levítico y en el tercer libro de las Antigüedades de Josephus, p. ej., la túnica blanca y la gorra de lino del sacerdocio hebreo, que guardan estrecho parecido con algunas vestimentas egipcias.4 Sin embargo, estas fueron abandonadas enteramente al cesar el templo y nunca más fueron siquiera imitadas por los judíos. Su diseño peculiar y su blanco básico, especialmente como se revela en los últimos estudios en Israel, se asemejan mucho a nuestras propias investiduras del templo. Éste no es el tiempo ni el lugar para tratar un tema sobre el cual el hermano Packer recomienda sabiamente una reserva juiciosa. Lo menciono sólo para preguntarme: "¿Qué pasaría si yo apareciera para una sesión de investidura en el templo vestido con la indumentaria que tengo en este momento?" Habría una incongruencia en esto, sería quizás cómico. Pero ¿por qué tendría que serlo? La idea original detrás de ambos atuendos es la misma - proveer una vestimenta mas apropiada para otro ambiente, actividad y estado de ánimo que la usada en el almacén, la oficina o la granja. Doctrina y Convenios 109 describe la función y propósito del templo en forma similar a las de la universidad: Una casa donde todos buscan conocimiento por el estudio y la fe, por una búsqueda discriminada entre los mejores libros (no se da una lista oficial –tú debes buscarla), y por discusión constante –enseñándose diligentemente "uno a otro palabras de sabiduría"; buscando cada quien mayor luz y conocimiento a medida que todas las cosas "se juntan en una" – o sea universidad (DyC 109:7, 14; 42:36).

Ambas vestiduras, la negra y la blanca, proclaman un interés primario por las cosas de la mente y del espíritu, vidas sobrias y concentración de propósito alejados de las rutinas autómatas, mecánicas de nuestro mundo diario. La túnica y la gorra anuncian que el portador ha aceptado ciertas normas de vida y ha sido probado en campos especiales del conocimiento.

¿Qué hay de malo entonces en las túnicas?. Sencillamente son algo teatrales e incitan al portador, engañado por su esplendor, a poses fingidas. En el tiempo de Sócrates, los Sofistas convirtieron en algo muy importante su manera especial de vestir y comportarse.5 Todo era por show, desde luego, pero era una impetuosa "vestimenta para el éxito", ya que el mero propósito de la rama retórica de educación que habían inaugurado y que vendían a altos precios a jóvenes ambiciosos, era convertir al estudiante en un abogado exitoso ante las cortes, una figura líder en las asambleas públicas o un hábil promotor de audaces iniciativas comerciales, gracias al dominio de las técnicas de persuasión y venta, irresistibles para la época y que los Sofistas tenían para ofrecer.

Esta fue la educación clásica que abrazó el Cristianismo a instancias del gran San Agustín. El había aprendido por duras experiencias que no se puede confiar en la revelación, porque no se la puede controlar – el Espíritu sopla donde quiere (Juan 3:8); y lo que la iglesia necesitaba era algo más accesible y confiable que eso, algo commodior et multitudini tutior ("más práctico y más fiable para el público") que la revelación o aún la razón, y esto era exactamente lo que la educación retórica les ofrecía.

A comienzos de este siglo los eruditos debatían con afán sobre el momento de la transición del "Geist" al "Amt", del espíritu al cargo, de la inspiración a la ceremonia, en el liderazgo de la antigua iglesia; cuando el líder inspirado, Pedro, fue reemplazado por el típico obispo de ciudad, un oficial nombrado y electo --ambicioso, envidioso, calculador, buscador del poder, autoritario, un hábil político y un maestro de las relaciones públicas. Tenemos una inmensa literatura sobre esto en la Patrologia. Ésta fue la retórica aprendida por San Agustín. Al mismo tiempo, los dones carismáticos (los dones del Espíritu), en los que no se debía confiar, fueron reemplazados por ritos y ceremonias que podían ser cronometradas y controladas; todo esto siguiendo el modelo Romano Imperial, como lo demostró Alföldi, incluyendo las togas y los birretes.

Y a través de los siglos las togas nunca fallaron en su función de mantener al público a una distancia respetable, de inspirar una decente reverencia por las profesiones y de impartir un aire de solemnidad y misterio que ha sido tan bueno como dinero en el banco. Las cuatro facultades de teología, filosofía, medicina y derecho han sido los semilleros perennes, no sólo de conocimiento profesional, sino de la charlatanería y venalidad tan generosamente expuestas a la vista pública por Platón, Rabelais, Molière, Swift, Gibbon, A. E. Housman, H. L. Mencken, y otros. Lo que aconteció en el mundo grecorromano, así como en el cristianismo fue un cambio fatal de líderes a gerentes que señala el declive y caída de las civilizaciones.

En la actualidad, la gran y antigua dama de la Naval, la Capitán Grace Hopper (la oficial comisionada más antigua de la Marina), está llamando nuestra atención sobre las naturalezas contrastantes y antagónicas de la gerencia y el liderazgo. Jamás nadie, afirma ella, ha gerenciado a los hombres en la batalla. Ella quiere más énfasis en la enseñanza del liderazgo. Pero el liderazgo no se puede enseñar, como tampoco se puede enseñar la creatividad o cómo ser un genio. El alto mando alemán intentó desesperadamente durante cien años entrenar a una generación de líderes para el ejército; pero no se logró nunca, porque los hombres que agradaban a sus superiores, p. ej., los gerentes, eran ascendidos a las posiciones altas, mientras que los hombres que agradaban a los rangos inferiores, p. ej., los líderes, recibían los castigos.

Los líderes son movilizadores y agitadores, originales, inventivos, impredecibles, imaginativos, llenos de sorpresas que desconciertan al enemigo en la guerra y a la oficina principal en la paz. Mientras que los gerentes son seguros, conservadores, predecibles; que conforman hombres para las organizaciones, jugadores del equipo, dedicados a la clase dirigente.

El líder, por ejemplo, siente pasión por la igualdad. Pensamos en grandes generales, desde David y Alejandro hacia abajo, compartiendo sus arvejas o maza con sus hombres, llamándolos por su primer nombre, marchando junto a ellos en el calor, durmiendo en el piso y asaltando las murallas de primero. Una famosa oda escrita por un sufrido soldado griego, Archilochus, nos recuerda que los hombres en las filas no se dejan engañar ni por un instante, por el tipo ejecutivo que piensa que es un líder.

Por otra parte, al gerente le repugna la idea de igualdad y le es aún contraproducente. En un sistema donde imperan la promoción, los filtros, los privilegios y el poder, la reverencia y el respeto por el rango son el todo y constituyen la inspiración y motivación de todo buen hombre. ¿Dónde estaría la gerencia sin el procesamiento inflexible de papeles, las normas de vestido, la atención hacia el estatus social, político y religioso, la vigilancia cuidadosa de hábitos y actitudes, que gratifican a los accionistas y garantizan la seguridad?

"Si me amáis," dijo el más grande de todos los líderes, "guardaréis mis mandamientos". "Si vosotros sabéis lo que os conviene," dice el gerente, "guardaréis mis mandamientos y no causaréis problemas". Por esta razón el ascenso de la gerencia siempre marca finalmente el deterioro de la cultura. Si a la gerencia no le gusta Bach, muy bien, entonces no habrá Bach en la reunión. Si la gerencia favorece poesía barata, sentimental y vil que exalta las cualidades del éxito, la gente joven en todas partes andará alardeándose con meras frases publicitarias. Si el gusto artístico de la gerencia es lo que decide qué se vende, tendremos material trillado, insípido, presuntuoso. Si a la gerencia le gustan los comerciales melodramáticos y cursis, eso es lo que el público recibirá. Si la gerencia debe reflejar su imagen corporativa en edificios modernos de mal gusto, abajo irán los antiguos monumentos pioneros.

Parkinson añade a su Ley, la cual muestra cómo la gerencia engulle todas las cosas, otra que él llama la "Ley de la Inteligencia": El Gerente no promueve a individuos cuya competencia pueda amenazar su propia posición; y así a medida que el poder de la gerencia se extiende más y más, la calidad se deteriora (si esto es posible). En resumen, a la par que la gerencia elude la igualdad, se alimenta de la mediocridad.

Por otra parte el liderazgo es un escape de la mediocridad. Todo el gran depósito de arte, ciencia y literatura del pasado, sobre el cual han edificado todas las civilizaciones, proceden de un puñado de líderes. Esto se debe a que las cualidades de liderazgo son las mismas en todos los campos, siendo el líder aquel, que simplemente dé el ejemplo mas alto; y para hacer esto y abrir la vía a mayor luz y conocimiento, el líder debe romper esquemas. "Un barco en el puerto está seguro," dice la Capitán Hopper, hablando de la gerencia, "pero para eso no se construyen los barcos," dice ella, clamando por liderazgo.

Cito a uno de los mas grandes líderes, el fundador de esta institución, "Hay demasiado de lo mismo en esta comunidad. . . . Yo no soy un Santo de los Ultimos Días estereotipado y no creo en esta doctrina . . . ¡fuera los 'mormones' estereotipados!" Adiós a todos. Los líderes genuinos son inspiradores, porque ellos están inspirados; están consagrados a un propósito superior y están desprovistos de ambiciones personales. Son idealistas e incorruptibles.

Necesariamente hay algo de gerente en cada líder (¿qué mejor ejemplo que el mismo Brigham Young?), como debiera haber algo de líder en cada gerente. El Señor hablando en el templo a la gerencia del mismo, los escribas y fariseos, todos ataviados en sus vestimentas oficiales, los censuró por ser unilaterales: Llevaban minuciosos registros de las mas triviales sumas que entraban al templo; pero en sus tratos, ellos desdeñaban la justicia, la compasión y la buena fe, que son justamente las cualidades máximas del liderazgo.

El Señor insistió en que ambas actitudes mentales son necesarias, y esto es importante: "Esto era necesario hacer (hablando de la contabilidad), sin dejar de hacer aquello". Pero es el ciego guiando al ciego, él continúa, quien invierte las prioridades, quienes "[cuelan] el mosquito, y [tragan] el camello" (Mateo 23:23-24). Tan extensa es la discrepancia entre la gerencia y el liderazgo que solamente un hombre ciego las invertiría. Sin embargo, eso es lo que hacemos. En ese mismo capítulo de Mateo, el Señor le dice a estos mismos hombres, que ellos no toman realmente en serio el templo, mientras que sí toman muy en serio los contratos registrados en el templo (Mateo 23:16-18). Me contaron de una reunión de grandes hombres de negocio en un lugar distante, quienes eran también líderes de estacas, donde ellos trataron el problema de "Cómo permanecer despierto en el templo". Para ellos, lo que se hace en la casa del Señor es un mero requisito, hasta que ellos pueden volver al trabajo real del mundo.

La Historia abunda en dramáticas confrontaciones entre los dos tipos, pero ninguna es más emocionante, que la historia épica de la lucha entre Moroni y Amalickíah; uno, el mas carismático líder; el otro, el mas diestro gerente en el Libro de Mormón. Esto es oportuno y relevante?por eso es que lo traigo a colación. Se nos recuerda a menudo que Moroni "no se deleitaba en derramar sangre" y que haría cualquier cosa para evitarlo, exhortando repetidamente a su pueblo a hacer convenios de paz y a preservarlos por la fe y la oración. Se rehusaba a hablar sobre "el enemigo". Para él, ellos eran siempre "nuestros hermanos", engañados por las tradiciones de sus padres. Los enfrentó en batalla con gran reticencia, y nunca invadió sus tierras, aún cuando ellos amenazaban con invadirlos por su cuenta.

Nunca se sintió amenazado, ya que confiaba absolutamente en el Señor. A la menor señal de debilidad del enemigo en batalla, Moroni instantáneamente proponía un diálogo para poner fin a la lucha. La idea de una victoria total le era ajena--no había venganzas, ni castigos, ni represalias, ni reparaciones, aún cuando el agresor había devastado a su país. Después de la batalla enviaba al enemigo vencido a su casa, aceptando su palabra de buena conducta o lo invitaba a establecerse sobre tierras nefitas, aún cuando sabía que era peligroso. Aún sus compatriotas, que lucharon en su contra, sólo perdieron sus vidas mientras se le opusieron en el campo de batalla. No había escuadrones de fusilamiento, y los que habían sido conspiradores y traidores, solamente tenían que aceptar apoyar a su ejército popular, para ser restaurados a sus cargos. Junto con Alma, él insistió en que los que se rehusaban a luchar por razones de conciencia mantuvieran sus convenios y no fueran a la guerra, aún cuando él necesitaba desesperadamente su ayuda. Siempre preocupado por comportarse decentemente, él nunca se aprovecharía de lo que él llamaba una ventaja injusta sobre el enemigo. Desprovisto de ambiciones personales, al momento de finalizar la guerra, él "entregó el mando de sus ejércitos . . . y se retiró a su propia casa . . . en paz" (Alma 62:43), aún cuando en su calidad de héroe podría haber tenido algún cargo u honores. Su lema era "No busco poder" (Alma 60:36), y en cuanto a rango, él se consideraba solamente uno de los despreciados y desechados de Israel. Si todo esto suena demasiado idealista, permítanme recordarles que realmente ha habido estos hombres en la historia, aún cuando es difícil de imaginar hoy en día.

Por encima de todo, Moroni era el líder carismático, que iba personalmente a convocar a las personas, las cuales venían corriendo espontáneamente a adherirse a su estandarte de libertad, el pendón de los pobres y oprimidos de Israel (Alma 46:12, 19-21). El tenía poca paciencia con la gerencia. El se dejó llevar por sus sentimientos y escribió acaloradas cartas sin tacto a los grandes hombre sentados sobre sus "tronos en un estado de insensible estupor" en la capital (Alma 60:7). Y cuando fue necesario, saltó todo el sistema y "[alteró] el manejo de los asuntos entre los nefitas", para contrarrestar la habilidad gerencial de Amalickíah (Alma 49:11). Sin embargo se disculpó ampliamente cuando supo que estaba equivocado, que se había guiado por sus generosos impulsos hacia una exagerada pugna con la gerencia; y compartió gustosamente la victoria final con Pahorán, cosa que los generales ambiciosos se reservan celosamente para sí.

Pero si Moroni odiaba tanto a la guerra, ¿por qué era un general tan dedicado?. El no nos deja en dudas en cuanto a esto –él tomaba la espada sólo como último recurso. "No busco poder, sino que trato de abatirlo" (Alma 60:36). El estaba decidido a "[abatir el] orgullo y . . .[la] grandeza" (Alma 51:18) de aquellos grupos que estaban tratando de alterar el orden. Los " hermanos lamanitas", a los que él combatió, eran renuentes ayudantes de los Zoramitas y Amalekitas, sus propios compatriotas. Estos últimos "se volvieron orgullosos . . . por motivo de sus enormes riquezas" y buscaron tomar el poder para su beneficio (Alma 45:24), enrolando a su servicio a "los que estaban a favor de los reyes . . . de ilustre linaje . . . aquellos que ambicionaban poder y autoridad sobre el pueblo" (Alma 51:8). A ellos se juntaron también importantes "jueces [quienes] tenían muchos amigos y parientes" (el tener las conexiones correctas era el todo) mas "casi todos los abogados y sumo sacerdotes", añadiéndose "los jueces menores del país, y codiciaban el poder". (3 Nefi 6:27; Alma 46:4).

Amalickíah, con inmensa habilidad gerencial, fusiona todo esto para formar una sola coalición ultraconservadora, que accedió a "[apoyarlo e instituirlo] como su rey", con la esperanza de que "él los pondría por gobernantes sobre el pueblo" (Alma 46:5). Muchos en la iglesia se dejaron convencer por la diestra oratoria de Amalickíah, ya que era un comunicador persuasivo y seductor (adulante, según la descripción usada en el Libro de Mormón). El hizo de la guerra la piedra angular de su política y poder, utilizando un sistema de comunicación cuidadosamente diseñado con torres y oradores entrenados, para agitar al pueblo a luchar por sus derechos, o sea, la carrera de Amalickíah. Mientras Moroni tenía sentimientos benevolentes por el enemigo, a Amalickíah "no le importaba la sangre de su [propio] pueblo" (Alma 49:10). Su objetivo en la vida era llegar a ser rey de ambos, Nefitas y Lamanitas, usando a unos para subyugar a los otros (Alma 46:4-5). El era un maestro de los trucos sucios, a los cuales debía algunos de sus logros mas brillantes. Mantuvo su ascenso mediante asesinatos astutos, relaciones públicas de alto nivel y una gran habilidad ejecutiva. Su espíritu competitivo era tal, que juró que bebería la sangre de Moroni, quien se le interponía en su camino. En resumen, él era "un hombre sumamente inicuo" (Alma 46:9), que representaba todo lo que Moroni detestaba.

Es en este tiempo en la historia del Libro de Mormón cuando la palabra gerencia hace sus únicas apariciones (tres en total) en todas las escrituras. Primero fue en aquella ocasión, cuando Moroni por su cuenta "había alterado el manejo de los asuntos entre los nefitas"* (Alma 49:11) durante una crisis. Luego fue Korihor, el vocero ideológico de los Zoramitas y Amalekitas, quien predicaba "que en esta vida a cada uno le tocaba de acuerdo con su habilidad**; por tanto, todo hombre prosperaba según su genio [habilidad, talento, cerebro, etc.], y . . . conquistaba según su fuerza; y no era ningún crimen el que un hombre hiciese cosa cualquiera" (Alma 30:17). El se enfureció contra el gobierno por tomar la propiedad del pueblo, quienes "ni se atreven a gozar de sus propios derechos y privilegios. Sí, no se atreven a hacer uso de lo que les pertenece" (Alma 30:27-28). Finalmente, tan pronto como Moroni desaparece de la escena, la antigua coalición "[logró] la administración*** exclusiva del gobierno", e inmediatamente "volvieron la espalda a los pobres" (Helamán 6:39), mientras ponían a jueces en la banca, quienes demostraron espíritu de cooperación, "dejando ir impunes al culpable y al malvado por causa de su dinero" (Helamán 7:5). (Todo esto sucedió en América Central, la arena perenne de la Gente Grande versus la Gente Chica.)

Esta era la gerencia a la que Moroni se opuso. Por todos los medios, hermanos, tomemos al Capitán Moroni como nuestro modelo y nunca olvidemos por lo que él luchó –el pobre, el desechado y el menospreciado; y las cosas que combatió –orgullo, poder, riqueza y ambición; o cómo él luchó –como un contrincante generoso, considerado y magnánimo, un líder en todos los sentidos.

Corriendo el riesgo de pasarme del tiempo, debo hacer una pausa y recordarles que esta historia, de la que les di sólo algunos fragmentos, se supone que fue fraguada allá por 1820, en un bosque de las afueras y por algún ignorante abismal, un campesino repugnantemente flojo y chocantemente deshonesto. Aparte de una ligera suavización de estos epítetos, ésta es la única alternativa de creer que la historia es verdadera; porque la situación es igualmente fantástica, no importa cual tipo de autor vosotros deseéis inventar. Ésta debe ser una historia verdadera.

Que José Smith es el más grande líder de los tiempos modernos sin comparación alguna, es una proposición que no necesita comentarios. Brigham Young recordaba que muchos de los hermanos se consideraban mejores gerentes que José y a menudo se enojaban por su ingenuidad en economía. Brigham ciertamente era un mejor gerente que el Profeta (o que cualquier otro, en todo caso), y él lo sabía; sin embargo él siempre se sometía y seguía sin falta al hermano José todo el tiempo, mientras exhortaba a los demás a hacer lo mismo, porque él sabía demasiado bien cuán pequeña es la sabiduría de los hombres comparada con la sabiduría de Dios.

Moroni reprendió a la gerencia por su "amor por la gloria y las vanidades del mundo" (Alma 60:32), y nosotros hemos sido amonestados recientemente en la Conferencia General contra las cosas de éste mundo.9 Pero qué son exactamente las cosas del mundo? Se nos ha dado una prueba sencilla e infalible en la bien conocida máxima, "Tú puedes tener cualquier cosa en este mundo por dinero". Si una cosa es de este mundo, tú la puedes tener por dinero; si no la puedes tener por dinero, no pertenece a este mundo. Esto es lo que hace manejable al asunto --dinero es puro número. Al convertir todos los valores a números, se pueden meter en la computadora y manejar con facilidad y eficiencia. Lo único que necesitamos preguntar es "¿cuánto?". El gerente "conoce el precio de cada cosa y el valor de ninguna", porque para él, el valor es el precio.

Mirad aquí a vuestro alrededor. ¿Véis alguna cosa que no se pueda tener por dinero? ¿Hay algo aquí que no pudiérais tener si fuérais suficientemente ricos? Bien, por un lado vosotros podéis pensar en la inteligencia, la integridad, sobriedad, celo, carácter y otras nobles cualidades. ¿No demuestran eso las togas y los birretes? Pero ¡esperad! Siempre se me dijo que esas son justamente las cosas que los gerentes están buscando. Ellas se cotizan a precios altos en el mercado.

¿Significa entonces, que al tener valor en este mundo no tienen valor en el otro mundo? Eso es lo que significa exactamente. Estas cosas no tienen precio, ni generan salario en Sión; no podéis negociar con ellas, porque son tan comunes como el aire, antes puro, a nuestro alrededor; no son negociables en el reino, porque allí todos las poseen en su totalidad y sería tan lógico exigir paga por tener huesos o piel, como recibir un bono por honestidad o sobriedad. Solamente en este mundo es que ellos son valiosos por su escasez. "Tu dinero perezca contigo", dijo Pedro a un charlatán con toga (Simón el Mago), quien intentó incluir "el don de Dios" en una transacción comercial (Hech. 8:20).

El líder de grupo de mi quórum de sumos sacerdotes es un Santo de los últimos días firme y sólido. Recientemente lo visitó un joven misionero retornado, con el objeto de venderle una póliza de seguros. Basándose en su entrenamiento en el campo misional, el joven le aseguró al hermano que él sabía que tenía la póliza correcta para él, así como sabía que el evangelio era verdadero. A lo que mi amigo, sin mayores aspavientos, lo botó de su casa, porque una persona con un testimonio lo debe conservar sagrado y no venderlo por dinero. Los primeros Cristianos llamaron Christemporoi (mercantilista cristiano) a aquellos que convertían los dones espirituales y las conexiones eclesiásticas en mercancía. Las cosas del mundo y las cosas de la eternidad no se pueden conjugar así convenientemente; y es porque muchas personas están descubriendo esto hoy en día, por lo que me siento constreñido a hablar sobre éste tema impopular en esta ocasión.

En tiempos pasados he sido asaltado por una corriente constante de visitantes, llamadas telefónicas y cartas de personas que agonizaban por lo que se puede llamar un cambio de especialidades. Hasta ahora se trataba de un problema de repugnancia que el estudiante (usualmente de postgrado) sentía al entrar en una línea de trabajo, cuando prefería realmente otra. Pero ¿qué pueden hacer ellos?. "Si tú abandonas mi empleo", dice el gerente, "¿qué será de ti?". Hoy en día, sin embargo, ya no es por aburrimiento o desilusión que surge el problema, sino por conciencia. El buscar primeramente la independencia financiera y todas las otras cosas serán añadidas, se reconoce como una perversión indecente de las escrituras y una inversión inmoral de valores.

Para cuestionar esta máxima soberana uno sólo tiene que considerar los arduos esfuerzos de ingenio, voluntad e imaginación que han sido necesarios para defenderlo. Yo nunca he escuchado, por ejemplo, que artistas, astrónomos, naturalistas, poetas, atletas, músicos, eruditos o incluso políticos se reúnan en institutos de prestigio, terapias de grupo, ciclos de conferencias, programas de mejoramiento o clínicas para lograr mentalizarse con eslogans GO! GO! GO!, clichés moralizantes o ejercicios espirituales de cuidadosa dialéctica, con el fin de obtener lo que llaman "mentalidad de prosperidad", con la garantía de que (en las palabras de Korihor) "no era ningún crimen el que un hombre hiciese cosa cualquiera" (Alma 30:17). Estas disciplinas antiguas tampoco necesitan de abogados, esos gerentes de gerentes, para probar al mundo que ellos no están haciendo trampas. Aquellos que tienen algo para aportar a la humanidad se deleitan en su obra y no tienen que racionalizar, publicitar o evangelizar para sentirse bien en cuanto a su labor. Sólo cuando su arte o su ciencia se orientan a lo mercantil, es que surgen los problemas de ética. Miren a la TV. Detrás del trabajo sucio siempre está el dinero. No habría crímenes en Hill Street si la gente no tuviera que tener dinero. Pablo tenía toda la razón: El amor al dinero es la "raíz de todos los males" (1 Tim. 6:10); y él cita, casualmente, el antiguo libro de Enoc.

En mi último curso, un estudiante que se graduaba con honores en administración de empresas (quien está aquí hoy) escribió esto –la asignación era compararse con algún personaje de la Perla de Gran Precio, y él, seriamente, escogió a Caín:

"Muchas veces me pregunto si muchos de mis deseos son demasiado egocéntricos. Caín buscaba la ganancia personal. El conocía el impacto de su decisión de matar a Abel. Ahora bien, yo no ignoro a Dios, ni hago pactos criminales con Satanás; sin embargo, yo deseo tener ganancias.

Desafortunadamente mi deseo de triunfo en los negocios no es necesariamente para ayudar a crecer el reino del Señor [hay un trazo refrescante de honestidad]. Quizás soy pesimista, pero pienso que pocos hombres de negocios se han dedicado realmente a promover la Iglesia, sin desear primero una gratificación personal. En mi especialización en negocios me hago preguntas sobre la ética de los negocios --"cobrar tanto como sea posible por un producto que fue hecho por alguien a quien se le pagó lo menos posible". Tú vives con la diferencia. Como hombre de negocios ¿viviré de la industria de otro y no de la mía? ¿Contribuiré a la sociedad o recibiré algo por nada, como hizo Caín? Siendo honesto, éstas son preguntas difíciles para mí".

Estas cuestiones se han tornado difíciles por la retórica de nuestros tiempos. La Iglesia en los días de Pablo estaba llena de hombres que enseñaban que la ganancia es piadosa y hacían que otros lo creyeran. Hoy en día las vestimentas negras colocan el sello oficial de aprobación sobre esta misma proposición. Pero ¡no culpen a la Escuela de Administración!. Los Sofistas, esos sagaces hombres de negocio y del espectáculo comenzaron este juego hace 2.500 años y ustedes no pueden culpar a otros por querer entrar en algo tan rentable. Los doctores y eruditos siempre han sabido cuál lado les convenía y han tomado su lugar en la fila. Los estudios sobre negocios y los "Estudios Independientes", el último de los recién llegados, han llenado los últimos vacíos; y hoy en día, sin importar lo que tengas en el bolsillo, te puedes llegar a poner una toga y un birrete. Y no os alarméis que la gerencia esté dirigiendo el show--ellos siempre lo han hecho.

La mayoría de vosotros estáis hoy aquí sólo porque creéis que esta charada os ayudará a tomar ventaja en el mundo. Pero en los últimos años las cosas se han salido de control. La economía, anteriormente el asunto mas importante en nuestras vidas materialistas, se ha convertido en el asunto único. Hemos sido barridos por una dedicación total a la economía, la que al igual que los masivos deslizamientos de tierra de nuestro Wasatch Front, está envolviendo y sofocando rápidamente a todas las cosas. Si el Presidente Kimball está "espantado y horrorizado" por lo que él ve, yo no puedo mas que concluir con sus palabras: "Debemos abandonar la adoración de los ídolos modernos y el confiar en el brazo de la carne, porque el Señor ha dicho a todo el mundo en nuestros días, 'no perdonaré a ninguno que se quede en Babilonia' (DyC 64:24)." Y Babilonia es donde nosotros estamos.

En un tiempo olvidado, antes que el Espíritu fuera cambiado por el cargo y el inspirado liderazgo por la gerencia ambiciosa, estas togas fueron diseñadas para representar el alejamiento de las cosas de este mundo?como aún lo hacen las ropas del templo. Que podamos llegar a estar mas conscientes del significado real de ambas, es mi oración.



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