viernes, 9 de abril de 2010

MATRIMONIO Y DIVORCIO

Presidente SPENCER W. KIMBALLUniversidad Brigham Young 7 de Septiembre, 1976
MIS AMADOS HERMANOS Y HERMANAS:
Esta es una situación sobrecogedora. Nací en Lago Salado, pero crecí en Thatcher, Arizona, en un lugar grande e importante del cual pocos saben. Muchas cosas ocurrieron en ese pequeño pueblito. Tuvimos las experiencias normales y usuales. Celebrábamos el cuatro de julio, teníamos competencias, actividades del colegio y todas las cosas que puede tener un pueblito de esa medida.

Era una vida gloriosa. Muchos maravillosos jóvenes eran mis compañeros o Siempre estuve orgulloso del pueblo y estaba contento de vivir allí. Por algo de cuarenta años fue mi hogar y entonces lo cambié por la ciudad de Lago Salado.

Es un real placer estar con Uds. hoy. Vengo humildemente ante Uds. para decirles algunas palabras. No les voy a dar ningún sermón espectacular, pero espero llamar vuestra atención a algunas de las cosas que nos perturban, algunos de los problemas que encaramos. No me disculpo, por lo tanto, por discutir el tema que he venido a discutir. No he venido, para entretenerles, sino que estoy aquí con una misión muy seria. Deseo hablarles de asuntos que ciento son de extrema importancia para Uds., para la gente, para el mundo y para la Iglesia.

La persona que entretiene a la gente les da lo que desean, el líder verdadero entrega a la gente lo que estos necesitan. Como Pablo, soy presionado por el Espíritu para advertirles, exhortarles y fortalecerles. Que pueda tener las bendiciones de Nuestro Padre Celestial para así hablarles.

Me doy cuenta que muchos de Uds. son casados, algunos están considerando el matrimonio y es probable que se casen los próximos años.

En otros discursos que he dado a este cuerpo estudiantil en ocasiones previas, he advertido a la juventud de Sión en contra de los pecados y vicios que tanto prevalecen en nuestra sociedad, aquellos de la impureza sexual y todos sus horribles enfoques. He hablado de la falta de modestia en los vestidos y acciones como de un proceso de ablandamiento por parte de Lucífero Aquí deseo expresar aprecio a todos aquellos que han respondido cuidadosamente a esas exhortaciones y readvierto a aquellos que las han ignorado.

Hablé claramente, advirtiendo a la juventud de las trampas que hay en acariciarse y de todas las otras perversiones en que los jóvenes y señoritas caen algunas veces o Intenté, también dar esperanza a aquellos que puedan haber traspasado los límites de la propiedad y les delinié el camino del arrepentimiento total que les traerá al perdón.

He advertido a la juventud en contra de los riesgos que hay en un matrimonio entre personas de distinta religión, y con todo el poder que poseo advertí a los jóvenes a evitar las tristezas y desilusiones que viene de casarse fuera de la Iglesia y las situaciones infelices que casi invariablemente resultan cuando un creyente se une a un no creyente.

Destaqué las exigencias que hay en los lazos espirituales que se estrechan después del matrimonio y cuando llegan los hijos, los antagonismos que naturalmente siguen a tal mal emparejamiento, el hecho de que esta y muchas otras razones arguyen elocuentemente por el matrimonio entre miembros dentro de la Iglesia, donde el esposo y la esposa tienen un fondo común, ideales y normas comunes, objetivos, esperanzas y creencias. Y sobre todo donde el matrimonio pueda ser eternalizado por medio de una entrada correcta al santo templo.

Hoy día, es mi esperanza seguir con una discusión de la vida familiar. Este no es un tópico nuevo ni espectacular, sino que vital. El matrimonio es relevante en cada vida y la vida familiar es la base de nuestra existencia.

El horrible dragón del divorcio ha entrado en nuestra vida social. Poco conocido para nuestros abuelos y ni siquiera común entre nuestros padres, este cáncer ha llegado a ser tan común en nuestra época que casi todas las familias han sido maldecidas por sus maquinaciones destructivas.

Esta es una de las principales armas de Satanás para destruir la fe, destrozando hogares felices y llevando frustración en la vida y distorsión de los pensamientos.

Un matrimonio feliz, honorable y exitoso es seguramente la meta principal de cada persona normal. Aquel que a propósito o por negligencia evite sus serias implicaciones no sólo es anormal sino que esta frustrando su propio programa.

Hay algunas pocas personas que se casan por despecho o por dinero o luego de haber sido rechazados por alguien. Que distorsionado es el modo de pensar de esas personas.
El matrimonio es tal vez la más vital de todas las decisiones y tiene todos los efectos de mayor alcance, pues no sólo tiene que ver con la felicidad inmediata, sino que también con alegrías eternas. No tan sólo afecta a las dos personas comprometidas, sino que además a sus familias y particularmente a los hijos y a los hijos de estos hijos por muchas generaciones.

Es absolutamente aterrador ver el número de niños hoy día que están creciendo en nuestra sociedad que no tienen dos padres, una madre y un padre y ninguno de los dos es totalmente suficiente, si se pueden tener ambos.

Al seleccionar un compañero por tiempo y por eternidad, ciertamente debe hacerse la más cuidadosa planificación, oración, ayuno y meditación para estar seguro que de todas las decisiones esta no ha de ser errada.

En un verdadero matrimonio debe haber una unión de las mentes así como de los corazones. Las emociones no han de determinar enteramente las" decisiones, sino que la mente y el corazón, fortalecidos por la oración y él ayuno y una seria consideración darán una máxima chance de felicidad marital. El matrimonio no es fácil, no es sencillo, como la evidencia el ritmo siempre creciente de los divorcios. Las cantidades exactas nos asombran. Los siguientes son del condado de Lago Salado, que son probablemente un promedio. Hubieron 832 matrimonios en un solo mes y hubieron 414 divorcios. Eso es la mitad de divorcios por los matrimonios. Hubieron 364 matrimonios en el templo y de esos matrimonios casi el diez por ciento fue disuelto por divorcio. Esto es substancialmente mejor que el promedio pero nos mortifica que hayan divorcios luego de un matrimonio en el templo.

Estamos agradecidos que esta encuesta revela que el noventa por ciento de los matrimonios en el templo son fuertes. A causa de esto, recomen damos que la gente se case con aquellos que son de un mismo grupo racial general, y de más o menos el mismo nivel socioeconómico y cultural. (Algunos de estos no son absolutamente necesarios pero se prefieren), y sobre todo la misma fe religiosa, sin duda alguna. A pesar de los matrimonios afortunados, el maligno cobra aún una cantidad monumental y es la causa de hogares destrozados y vidas frustradas.

Con todas las condiciones tan ideales como sea posible, hay aún gente que termina sus matrimonios por razones de "incompatibilidad". Vemos tantas películas y leemos tanta ficción y llegamos a tener contacto con tantos escándalos de la sociedad que la gente en general ha llegado a pensar del "matrimonio y el darse en matrimonio" del divorcio y de volverse a casar, como modelos normales.

El divorcio en si no constituye toda la maldad, sino que la aceptación misma del divorcio como un remedio es también un serio pecado de esta generación.

El hecho que de un programa o modelo sean aceptados universalmente no evidencia que este sea correcto. El matrimonio nunca fue fácil. Nunca puede serlo. Trae consigo sacrificio, el compartir y exige un gran desinterés.

Muchos de los programas de la TV y las historias ficticias finalizan con el matrimonio: Y vivieron siempre felices. Puesto que casi todos nosotros hemos experimentado el divorcio de nuestros amigos cerca¬nos, o familiares, nos hemos llegado a dar cuenta que el divorcio no es un remedio para una dificultad, sino que meramente un escape y uno que es débil.

Nos hemos llegado a dar cuenta que la mera ceremonia no trae la felicidad y un matrimonio exitoso. La felicidad no viene al tocar un timbre o un interruptor como la luz eléctrica, la felicidad es un estado de la mente que viene de adentro. Debe ganarse. No puede adquirirse con dinero, no puede recibirse a cambio de nada.

Algunos piensan que la felicidad consiste en una vida de ocio, lujos y emociones constantes, pero el verdadero matrimonio se basa en la felicidad que es mayor que eso, una que viene de dar, servir, compartir, sacrificarse y del desinterés abnegado.

Dos personas que vienen de ambientes diferentes rápidamente aprenden luego de la ceremonia que la cruda realidad debe ser encarada. Ya no hay más una vida de fantasía e ilusión; debemos salir de las nubes y poner los pies firmemente en la tierra. Se debe asumir la responsabilidad y se deben aceptar nuevos deberes. Se deben abandonar ciertas libertades y muchos ajustes, ajustes sin egoísmo.

Uno llega a darse cuenta muy pronto en el matrimonio que el cónyuge tiene debilidades no reveladas previamente o descubiertas hasta ese momento. Las virtudes que estaban constantemente magnificadas durante el cortejo decrecen ahora relativamente y las debilidades que parecían tan pequeñas e insignificantes ahora adquieren proporciones considerables. Ha llegado la hora de los corazones comprensivos, de una auto evaluación, del buen sentido, buen razonamiento y planeación.

Los hábitos de años se muestran ahora; el cónyuge puede ser mezquino o pródigo, flojo o industrioso, devoto o religioso, puede ser bondadoso y cooperativo o petulante y mal humorado, exigente o comprensivo, egoísta o abnegado. Los problemas de los parientes se enfocan más cerca y la relación de los cónyuges con ellos se aumenta nuevamente.

A menudo hay reticencia para establecerse como matrimonio y asumir las pesadas responsabilidades que les pertenecen. La economía es reacia a reemplazar una vida pródiga, y los jóvenes a menudo parecen ansiosos de vivir a tono. Hay a menudo reticencia para hacer los ajustes financieros necesarios. Las jóvenes esposas exigen a menudo todos los lujos que antes disfrutaban en los prósperos hogares de sus padres que habían alcanzado el éxito y desean que estos continúen en sus propios hogares.

Algunas de ellas a menudo están dispuestas a ayudar para ganar el dinero necesario para alcanzar ese tipo de vida y continúan trabajando luego de sus matrimonios. Consecuentemente dejan el hogar, donde está su deber, para proseguir una vida profesional o de negocios, estableciendo así una economía que llega a estabilizarse de tal forma que llega a ser muy difícil regresar a una vida familiar normal. Por medio del trabajo de los dos cónyuges, entra en la familia la competencia en vez de la cooperación. Las dos personas que trabajan regresan fatigados al hogar con nervios tensos, orgullo individual, una independencia aumentada y entonces surgen los malentendidos. Pequeñas fricciones forman una pirámide monumental.

Frecuentemente los cónyuges retornan en pecado a nuevos o antiguos romances, y finalmente el aparentemente inevitable rompimiento se materializa en divorcio, con su dolor, amargura, desilusión y eso siempre deja cicatrices.

Aún cuando el matrimonio sea difícil y discordante, y los matrimonios frustrados sean una cosa común, una felicidad real y perdurable es posible, y el matrimonio puede ser un éxtasis más increíble que lo que la mente humana puede concebir. Esto está dentro del alcance de cada pareja, de cada persona, "Las almas gemelas" son ficción e ilusión pura. Y aunque cada joven y señorita han de buscar con toda diligencia y oración para encontrar un compañero con quien la viola sea compatible y hermosa, aún es cierto que también casi cualquier buen joven o señorita pueden ser felices y un matrimonio con éxito está dentro de sus límites, si tan solo están dispuestos a pagar el precio.

No hay una fórmula infalible que garantice que cada pareja ha de tener un matrimonio eterno y feliz; pero como todas las fórmulas los ingredientes principales no deben omitirse, reducirse o limitarse. La selección antes del cortejo y luego el cortejo continuado después del matrimonio, es igualmente importante, pero no más importante qué el matrimonio mismo, cuyo éxito depende de ambos individuos, no sobre uno, sino que sobre ambos.

En un matrimonio iniciado y basado sobre normas razonables como las ya mencionadas no hay combinación de poderes de uno u otro o ambos de los cónyuges, y ellos han de asumir la responsabilidad general.

Otras personas o agencias pueden influenciar para bien o para mal. Situaciones financieras, sociales, políticas u otras pueden tener cierta incidencia, pero el matrimonio depende primeramente y siempre en los dos cónyuges que pueden siempre hacer de su matrimonio uno que tenga éxito y sea feliz, si son determinados, desinteresados y correctos.

La fórmula es simple, los ingredientes son pocos, aún cuando hayan muchas amplificaciones de cada uno.

Primeramente debe haber un enfoque correcto hacia el matrimonio, que contempla la selección de un cónyuge: que alcanza casi el pináculo de la perfección en todos los asuntos que son de importancia al individuo. Y luego ambos deben llegar al templo dándose cuenta que deben trabajar duro para alcanzar una vida conjunta exitosa.

Segundo, debe haber una renunciación, desinterés y encauzamiento de toda la vida familiar y todo lo pertinente al bienestar de la familia sacrificando intereses personales.

Tercero, debe haber un cortejo continuado y expresiones de afecto, bondad y consideración para mantener el amor vivo y creciente.

Cuarto, deben vivirse completamente los mandamientos del Señor como están delineados en el evangelio de Jesucristo.

Con estos ingredientes adecuadamente mezclados y continuamente en funcionamiento, es totalmente imposible que vengan la infelicidad, que continúen los malentendidos o que ocurran rompimientos. Los abogados que se encargan de divorcios deberían buscar otros campos y las cortes de divorcio deberían cerrarse.

Los individuos ,que se acercan al altar han de darse cuenta que para alcanzar el matrimonio feliz que esperan, deben comprender que el matrimonio no es una tapadera legal, sino que significa sacrificio, significa compartir y aún reducir algunas libertades personales. Significa hacer largas y duras economías. Significa niños que traen consigo cargas financieras, cargas de servicio, preocupación y cuidado. Más significa también la emoción más profunda y dulce de todas.

Antes del matrimonio, cada individuo es completamente libre para hacer lo que desee e ir donde quiere, para organizar y planear su vida como le parezca mejor, para hacer todas las decisiones con el yo como punto central. Los novios deben darse cuenta que antes que acepten los votos cada uno debe aceptar literal y completamente el hecho de que el bienestar de la familia siempre ha de anteponerse al de cualquiera de los cónyuges. Cada uno ha de eliminar el YO y el MIÓ y substituirlos por el NOSOTROS y el NUESTRO. Cada decisión debe tomar en consideración que hay dos o más personas afectadas por esta. Al acercarse a decisiones importantes ahora, la esposa estará preocupada por el efecto que esta tenga en los padres, hijos, el hogar y sus vidas espirituales. La ocupación del marido, su vida social, sus amigos y todos sus intereses ahora deben considerarse en la luz que él es solamente una parte de la familia, y que la totalidad del grupo ha de ser considerada.

Cada divorcio es el resultado del egoísmo de parte de una o ambas partes del contrato matrimonial. Alguien está pensando en la luz de que él es el único a ser considerado, en su confort, conveniencia, libertades, lujos o descanso. Algunas veces el incesante pinchazo de un cónyuge descontento, o egoísta puede causar una violencia física seria.

Algunas veces la gente está tan estimulada hasta el punto donde equivocadamente se sienten justificadas en hacer cosas injustas. Nada por supuesto justifica el pecado.

Algunas veces una esposa o un esposo se sienten abandonados, maltratados e ignorados hasta que él o ella erróneamente se sienten justificados en continuar añadiendo a sus errores. Si cada cónyuge frecuentemente se auto analiza y mide sus propias imperfecciones por la medida de la perfección o la Regla de Oro, y si cada cónyuge se dedica a corregirse a sí mismo en cualquier desvío encontrado en tal análisis en vez de corregir las desviaciones en su cónyuge, entonces vendrá la transformación y la felicidad es el resultado. Hay mucha gente farisaica que se casa, que debería memorizar lo que el Salvador dice en Lucas, sobre la gente que parlotea de sus propias virtudes y amontona sus propias cualidades de bondad y luego las ponen en la balanza con¬tra las debilidades del cónyuge. Dicen: Ayuno dos veces por semana y doy diezmos de todo lo que poseo (Lucas 18:12).

Por cada fricción hay una causa, y siempre que hay infelicidad cada uno debe investigar en sí mismo para encontrar la causa o al menos la porción de la causa que se origina en sí mismos.

Un matrimonio no puede ser parejo y sin incidentes, pero puede ser uno de gran paz0 Una pareja puede sufrir pobreza, enfermedad, desilusión, fracasos y aún la muerte dentro de la familia, pero ni siquiera eso puede robarles su paz. Un matrimonio puede tener éxito hasta que el egoísmo entra en escena. Los problemas unirán a los padres en uniones inquebrantables si no hay egoísmo. Durante los años treinta hubo un definitivo descenso en los divorcios. La pobreza, fracasos, desilusión enlazó más estrechamente a los padres. La adversidad puede cimentar relaciones que la prosperidad puede destruir.

El matrimonio que está basado en el egoísmo casi por seguro ha de fracasar. El que se casa por las riquezas o aquel que se casa por el prestigio o el plano social por cierto ha de desilusionarse. Aquel que se casa para satisfacer vanidades u orgullo o que se casa despechado o para exhibir a otra persona, se está engañando a sí mismo. Más aquel que se casa para dar felicidad así como para recibirla, para entregar servicio así como para recibirlo y que se preocupa por los intereses de ambos y luego de la familia a medida que esta llega tendrá una buena chance de que su matrimonio sea feliz.

Hay mucha gente, sin embargo que no llega hasta los abogados especialistas en divorcios y que no termina sus matrimonios, pero que han permitido que estos se pongan rancios, débiles y sin valoro Hay cónyuges que han caído del trono de la adoración y homenaje y están en el bajo estado de meramente ocupar una parte de la casa, que comen juntos codueños de ciertas cosas que no pueden dividirse fácilmente. Esta gente está en camino de tener ciertos problemas. Esta gente haría bien en reevaluar y renovar su cortejo, en expresar afecto, en reconocer bondades y aumentar su consideración para que su matrimonio pueda ser nuevamente hermoso, dulce y creciente.

El amor es como una flor, y como el cuerpo necesita ser alimentado constantemente, este cuerpo mortal se demacraría rápidamente y moriría sin alimento y agua. Y lo mismo ocurre con el amor, no podemos esperar que dure por siempre a menos que lo alimentemos continuamente con porciones de amor, la manifestación de estima y admiración, las ex presiones de gratitud y la consideración de quien no es egoísta.
La generosidad total de por cierto ha de lograr otro factor en un matrimonio con éxito. Si uno siempre está buscando los intereses, confort y felicidad del otro, el amor encontrado en el cortejo y cimentado en el matrimonio crecerá en forma considerable. Muchas parejas permiten que sus matrimonios se estanquen y que su amor se enfríe como pan rancio o chistes repetidos o salsa fría. Ciertamente los alimentos más vitales para el amor son la consideración, la bondad, meditación, preocupación, expresiones de afecto, abrazos de afecto y aprecio, orgullo, compañerismo, confianza, fe, sociedad, igualdad y dependencia.

Fara ser realmente felices en el matrimonio una debe cumplir con una fiel observancia de los mandamientos del Señor. Nadie, soltero o casado fue jamás sublimemente dichoso a menos que fuera justo. Hay satisfacciones temporales y situaciones camufladas por el momento, pero la felicidad total y permanente puede tan sólo venir por medio de la limpieza y la dignidad. Alguien que tiene un modelo de vida religiosa con profundas convicciones nunca puede ser feliz en una vida inactiva. La conciencia continuará afligiendo a menos que esta haya sido cauterizada, en cuyo caso el matrimonio está ya en peligro. Una conciencia punzante puede hacer la vida insoportable. La inactividad es destructiva para el matrimonio, especialmente donde las partes son inactivas en varios grados.

Las diferencias religiosas son las más críticas y entre las más difíciles de resolver de todas las diferencias.

El matrimonio es ordenado por Dios. No es meramente una costumbre social. Sin un matrimonio adecuado y exitoso, uno nunca podrá llegar a la exaltación... Lean las palabras de vuestro Señor, que es correcto y adecuado casarse. Siendo esto verdadero, el Santo de los Últimos Días que es considerado y es inteligente, planeará su vida cuidadosamente para asegurarse que no haya impedimentos puestos en la vía. Al hacer un serio error, uno puede poner en el camino obstáculos que puede que nunca puedan ser removidos y que pueden destruir el camino a la vida eterna y la deidad de nuestro último destino. Si dos personas aman al Señor más que a sus propias vidas y luego se aman mutuamente más que a sí mismos y trabajan en forma conjunta y en total armonía con el plan del evangelio como la estructura básica, por cierto han de hallar gran felicidad. Cuando los esposos acuden frecuentemente al santo templo, se arrodillan juntos en oración en sus hogares, con sus familia, van de la mano a las reuniones de la iglesia, mantienen sus vidas completamente castas, mental y físicamente para que todos sus pensamientos y deseos de amor estén centrados en ser uno, con su compañero y ambos trabajan juntos para el fortalecimiento del reino de Dios, entonces la felicidad está en su pináculo. Algunas veces el matrimonio tiene otras hendiduras, a pesar del hecho que el Señor dijo:

"Amarás a tu esposa con todo tu corazón y te allegaras a ella ya nadie más." (D y C 42:22)

Esto significa igualmente que "amarás a tu esposo con todo tu corazón y te allegarás a él y a nadie más". Frecuentemente la gente continúa allegándose a sus madres, padres y amigos. Algunas veces, las madres no abandonan la influencia que tienen sobre sus hijos; y los maridos así como las esposas regresan donde sus padres y madres para conseguir consejo y para confiarles problemas, en lugar de hacerlo con su esposa en la mayoría de las cosas, y todas las intimidades han de guardarse con gran secreto y privacidades otras personas.

Las parejas harían bien en encontrar inmediatamente su propio hogar, separado y aparte de los parientes de ambos lados. El hogar puede ser muy modesto y sin pretensiones, pero aún ser un domicilio independiente. Su vida de casados puede y debe llegar a ser independiente de los padres de cualquiera de los cónyuges.

Les amarán más que nunca, atesorarán su consejo, apreciarán su asociación, pero han de vivir sus propias vidas, siendo gobernados por sus decisiones, por sus propias consideraciones luego de orar y haber recibido consejo de aquellos que deban darlo. Allegarse no significa meramente ocupar el mismo hogar, significa adherirse estrechamente y mantenerse unidos:

"Por lo tanto es lícito que... los dos serán una sola carne, y todo esto para que la tierra pueda responder a la medida de su creación". Y para que sea henchida con la medida del hombre, de acuerdo a su creación antes que el mundo fuese. (D&C 4-9:16-17)
Nuestros propios registros no son muy agradables. De los 31.037 matrimonios, nuestros registros vieron tan solo 14.119 sellarse en el templo por la eternidad. Esto es un 46 % Hubieron 7.556 miembros que se casaron con no miembros. Esto es terriblemente perturbador para nosotros. Es un 24 % , lo que quiere decir que 9.000 o un 30 % no pensaron mucho en sí mismos ni en su posteridad y se casaron fuera del templo, que podría darles la llave a la vida eterna. Es posible que no lo sepan o que no se preocupen?

Por supuesto la mayoría de la gente no se casa fuera de la Iglesia y del templo, no pesa el asunto. La encuesta que mencioné reveló el hecho de que tan sólo uno de siete no miembros se convertiría y se bautizaría eh la Iglesia. Esta es una gran pérdida» Significa que en muchos casos no se considera tan solo la pérdida del no miembro, sino que también están los hijos aún a veces el cónyuge que es miembro.

Amamos a aquellos pocos que se unen a la Iglesia, después del matrimonio. Les alabamos y honramos, pero las posibilidades están en contra nuestra. De acuerdo a las cifras dadas arriba, esto significa que casi 6.500 de los nuevos matrimonios no se unen a la Iglesia para unir totalmente a la familia. Esto nos apena mucho. El programa total del Señor para la familia no puede disfrutarse completamente si la gente esta desigualmente unida en matrimonio. Llamamos a toda la juventud a hacer una resolución seria y firme para casarse en el templo para que su determinación les provea con las ricas promesas del matrimonio eterno con toda la alegría y felicidad que acompañan a este.

Esto agradaría al Señor, que esta confiando en Uds. totalmente. El ha dicho que la vida eterna puede alcanzarse solamente en la manera que El ha planeado. Quisiera citar un par de palabras de las escrituras antes de terminar:

Y es dada a cada uno una piedra blanca para los que llegan al reino celestial, en la cual hay un nombre inscrito, que ningún hombre entiende, excepto aquel que la recibe. El nuevo nombre es la palabra clave. (D&C 130:11).

Es una cosa normal casarse. Fue arreglado por Dios en el comienzo„ Aquel que no desea casarse no es completamente nórmalo Recuerden:

Ni el hombre sin la mujer ni la mujer sin el hombre en el Señor.
Nadie puede rechazar este convenio del matrimonio celestial y alcanzar el reino eterno de Dios. Esto es cierto.

En la gloria celestial hay tres cielos o grados. Y para obtener el más alto, un hombre debe entrar en este orden del sacerdocio queriendo decir el nuevo y sempiterno Convenio del matrimonio.

Y si no, no puede obtenerlo.
Puede entrar en otro, pero tal es el final de su reino.(D&C 131:1-4).

Pues he aquí, os revelo un nuevo y sempiterno convenio y si no obedecéis este convenio, sois condenados. (D&C 132:4.)

Y el ser maldecidos, significa ser condenados, detenidos en nuestro progreso.
Estas son las palabras del Señor. Fueron dichas directamente a nosotros. No hay ninguna pregunta que podamos hacernos respecto a ellas.

Y en lo que se refiere al nuevo y sempiterno convenio, fue instituido para la plenitud de mi gloria; y aquel que recibe una plenitud por lo tanto debe obedecer mis leyes.

Por lo tanto cuando están fuera de este mundo (luego que han muerto) ni se deben ni pueden casar ni dar en matrimonio, sino que son llamados para ser ángeles del cielo, ángeles ministrantes, llamados a ministrar a aquellos que son dignos de gloria mucho mucha mayor, extraordinaria y eterna. Pues estos ángeles no obedecieron mi ley, por lo tanto no pueden recibir aumento, sino que permanecen separados y solteros sin exaltación, en su estado de salvación, por toda la eternidad; y en adelante no son dioses sino ángeles de Dios por siempre jamás. (D&C 132: 6-17)

Y un pensamiento para terminar.
Abraham recibió todas las cosas, por medio de revelación y mandamiento por mi palabra, dice el Señor y ha entrado en su exaltación y se sienta sobre un trono...
Id, por lo tanto y hacer las obras de Abraham; entrad en mi ley y seréis salvados.
Hermanos y hermanas, quisiera decirles que esta es la palabra del Señor Es seria, muy seria y no hay nadie que deba discutir con el Señor, El hizo la tierra, hizo la gente. El conoce las condiciónese. Puso el programa y no somos lo suficientemente inteligentes o astutos para discutir con El acerca de estas importantes cosas. El sabe lo que es correcto y verdadero. Os rogamos que piensen en estas cosas. Todos sus estudiantes o los que están aquí que son estudiantes, asegúrense que su matrimonio es justo. Asegúrense que sus vidas sean justas o Asegúrense que su parte del matrimonio está siendo llevada hacia adelante en forma correcta.

Ahora ruego que el Señor les bendiga. Estas cosas nos preocupan demasiado pues hay muchos divorcios y están aumentando. Ha llegado a ser algo común hablar de divorcio. Al momento que una pequeña crisis o una pequeña discusión en la familia, hablamos de divorcio, y corremos a ver un abogado. Esta no es la forma o camino del Señor. Debemos regresar y ajustar nuestros problemas y hacer de nuestro matrimonio uno compatible y dulce y bendecido. Ruego al Señor que bendiga a cada uno de Uds. que encaran decisiones antes y después del matrimonio. Imploro sus bendiciones sobre cada uno de Uds. y les doy mi testimonio que esta Iglesia es verdadera y divina, en el nombre de Jesucristo o Amén.


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